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jueves, 21 de marzo de 2013

Apego seguro y resiliencia: Efectos de la separación del niño de la madre en función de la calidad del vínculo afectivo




Entre los efectos a corto plazo de la separación, según Bowlby, analizados a partir de la observación de niños que fueron separados de sus padres, era frecuente que el niño mostrase alguna de las siguientes reacciones:

-Cuando vuelve la madre, el niño se enfada con ella, o le niega el saludo y hace como si no la viera.

-El niño se muestra muy exigente con su madre o con las personas que le cuidan; pide atención todo el rato, quiere que se haga todo a su manera, tiene ataques de celos y tremendas rabietas.

-Se relaciona con cualquier adulto que tenga a mano, de una forma superficial pero aparentemente alegre.

-Apatía, pérdida de interés por las cosas, movimientos rítmicos (como si se meciera él sólo), a veces dándose golpes en la cabeza.

Según Bowlby, algunas de las más graves alteraciones observadas en los niños separados de sus madres, en orfanatos y hospitales, dan una falsa sensación de que todo va bien: “Hay que hacer una advertencia especial sobre los niños que responden con apatía o con una conducta alegre e indiscriminadamente amistosa. Estos niños suelen ser tranquilos, obedientes, fáciles de manejar, bien educados y ordenados, y están físicamente sanos; muchos de ellos incluso parecen felices. Mientras permanezcan en la institución, no hay motivo aparente de preocupación; pero cuando la dejan se hacen pedazos, y es evidente que su adaptación era superficial y no estaba basada en un verdadero crecimiento de la personalidad”.

Pocos niños permanecen en una institución, pero muchos se ven separados de sus madres repetidamente unas horas cada día. El efecto no es tan terrible, pero existen similitudes. Hay niños que parecen “tranquilos, obedientes…incluso felices” en la guardería, pero rompen a llorar deseperados en cuanto salen. O que parecen adaptarse muy bien a dormir solos cada noche, pero “se hacen pedazos” en cuanto se abre una brecha en su aislamiento.

Las consecuencias más graves se producen tras separaciones largas, de varios días. Pero también las separaciones breves tienen un efecto; de hecho, el método usado por los psicólogos para comprobar si la relación madre-hijo es normal es el “test de la situación extraña”, en que se observa cómo reacciona un niño de un año cuando su madre se ausenta de la habitación y vuelve a los tres minutos.

A medida que el niño va creciendo, le es cada vez más fácil tolerar la separación de la madre. Como afirma Bowlby, los efectos de la separación son cada vez menos graves a medida que aumenta la edad del niño: “Mientras que hay razones para creer que todos los niños menores de tres años, y muchos de los que tienen entre tres y cinco, sufren con la deprivación, en el caso de aquéllos entre cinco y ocho es probablemente sólo una minoría, y surge la pregunta: ¿por qué unos y no otros?”.

Ese factor que hace que unos niños soporten mejor la separación que otros es, según Bowlby, la relación previa con su madre.

En los menores de 3 años, cuanto mejor era la relación con la madre, más se altera la conducta del niño tras la separación. Los niños que ya eran maltratados o ignorados en su casa, apenas lloran cuando se los llevan a un orfanato o a un hospital. Pero eso no significa que toleren mejor la pérdida, sino que ya no tenían casi nada que perder. No muestran la respuesta normal de un niño sano de su edad.

En cambio, entre los niños de 5 a 8 años, aquellos que han tenido una más sólida relación con la madre, los que recibían más mimos y pasaban más tiempo en brazos, son los que mejor soportaban la separación. El estrecho contacto de los primeros años les ha dado la fuerza necesaria para soportar las adversidades, lo que se conoce como resiliencia (la capacidad de sobreponerse y superar las experiencias traumáticas vividas).

La separación de dos personas adultas unidas por un vínculo afectivo produce intranquilidad para ambas. Para volver a tranquilizarse necesitan contacto físico y verbal especial, contacto que será más largo y complejo cuanta más larga haya sido la separación. Si una de las personas niega ese contacto tranquilizador, la otra suele responder con más intranquilidad, y a veces con hostilidad. Al final, harán falta más palabras y más contacto para tranquilizarla (habrá que disculparse).

Sin embargo, entre un niño pequeño y sus padres, la cosa cambia. Irse a otra habitación es para el niño una separación, porque no sabe adónde ha ido su madre. Tardará varios años en comprender que mamá está en la habitación de al lado y que por tanto “no se ha ido”. Y la escala es diferente: unos minutos son para un niño como varias horas, unas horas le parecen días o meses, y unos metros le parecen kilómetros.

Fuente: Bésame mucho, de Carlos González.


http://meritxellsanchez.com/2013/03/05/apego-seguro-y-resiliencia-efectos-de-la-separacion-del-nino-de-la-madre-en-funcion-de-la-calidad-del-vinculo-afectivo/

jueves, 14 de marzo de 2013

Los 25 consejos sobre alimentación por el Pediatra Carlos González



1 No obligar nunca a comer a un niño. Un adulto puede que se niegue a probar bocado por los dictados de la moda pero a un crío aún no le pesan las normas sociales. Por tanto no se debe insistir en que el niño trague a toda costa.

2 Cuánta cantidad de comida es necesaria. Cada uno de nosotros necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Unos zampan como elefantes mientras otros comen como pajaritos. ¿Por qué entonces se intenta medir a los niños por el mismo rasero? Un niño de año y medio puede que necesite comer la misma cantidad que un bebé de nueve meses.

3 ¿Seguro que no come nada? Para la mayoría de los padres no comer nada significa que su hijo no engulle lo que ellos creen que necesita. Quizá si su medida fuera medio plato en vez de uno repleto hasta el borde cambiaría su percepción.

4 Los que de verdad no comen. Las enfermedades y los celos provocan un rechazo a la comida que suele ser transitorio y una vez solucionado el problema regresa el apetito.

5 El trabajo de mamá. El regreso laboral de mamá origina en ciertos bebés una negativa a alimentarse si no lo hace su madre. Pueden no consumir nada en ocho horas y luego ponerse las botas cuando ella regresa.

6 Un asunto de honor. Los padres, sobre todo las madres, suelen vivir la inapetencia como un agravio personal. Otras consideran un deber atiborrar a su hijo.

7 Culpabilidad. Frustración y un terrible sentimiento de no saber cumplir como lo hicieron con ella, fustigan a muchas madres para quienes la hora de la comida es un calvario.

8 Niños incomprendidos. Imagínese qué pensará su hijo. Él, que sólo cuenta con el cariño de sus padres, de repente se ve atacado por aquellos en quienes confía, que insisten en cebarle cuando ya no le entra más y encima se enfadan y le gritan.

9 La prueba definitiva. Coma en proporción a lo que da a su hijo. Si el niño pesa 10 kilos y engulle un plato, tráguese usted cinco o seis raciones. Seguro que revienta.

10 Pecho “for ever” y a libre demanda. La leche materna es el alimento más completo y nutritivo. Si el niño no pierde peso es conveniente alargar la lactancia hasta el año o los dos años. Siempre sin imposición de horarios, porque él ya lo pedirá cuando lo necesite.

11 Las papillas. Nunca se debe sustituir el pecho por la infundada creencia de que los cereales alimentan más. Cuando los niños ya degustan papillas hay que saber que casi ninguno logra terminarse la medida recomendada porque es simplemente una orientación, no un dictado.

12 Horror a las verduras. El pequeño estómago de los niños admite pequeñas cantidades, o sea, muchas calorías en poco volumen. Las verduras contienen mucha fibra y escasas calorías, por lo que les enguachina pero no les sacia. Apenas unas cucharadas serán suficientes para que le saquen el gusto.

13 La papilla de frutas. Con las frutas viene a suceder lo mismo que con las verduras. Si el crío las rechaza pruebe a darle una manzana a mordiscos o una pera en trocitos, por ejemplo. Las recomendaciones y mezclas frutales del pediatra no tienen por qué ir a misa.

14 Respetar el sueño. Algunos padres enchufan a sus hijos el biberón mientras éstos duermen y después se quejan de que no comen cuando están despiertos. ¡Pero si ya se han alimentado!

15 Chucherías prohibidas. Al margen de que el niño coma o no coma, los dulces y las famosas chucherías sólo una vez al año para que no hagan daño.

16 La crisis del año. Justo a los 12 meses se frena la velocidad de crecimiento y por tanto no precisan la misma cantidad de alimento. A partir de los cinco años aumentarán el gasto energético y las necesidades.

17 El percentil. Las gráficas de peso traen fritos a los padres. En cada país se elabora una distinta y nunca coinciden entre ellas. ¿Quiere eso decir que según el lugar del mundo en que pesen a su hijo estará por encima o debajo de la media?

18 Defensas infantiles. Los más pequeños se defienden ante la indigesta ofensiva paterna a base de hacer bola, escupir e incluso vomitar. Nunca se niegan por capricho. Evolutivamente los críos tienden a rechazar los sabores desconocidos por simple supervivencia.

19 Un dragón llamado alergia. La alergia puede provocar la negativa del niño a ingerir ciertos alimentos como la leche, el gluten, el huevo o cualquier otro incompatible con su inmaduro organismo. Por eso es conveniente no obligar a comer.

20 Estimulantes del apetito. Los tónicos estimulantes contienen psicofármacos que actúan sobre el centro cerebral del apetito y su efecto desaparece en cuanto se deja el medicamento. Poco aconsejables salvo excepciones.

21 Cómo introducir los alimentos. A partir de los seis meses se pueden ir probando nuevos sabores con gran precaución y muy lentamente.

22 Estrategias. No guardar la comida para la cena. Ponerle en el plato sólo lo que suela tomar aunque sean tres cucharadas, si tiene hambre pedirá más. Evitar las broncas y los sobornos.
 
 23 Vegetarianos. Cuando los padres son vegetarianos los niños pueden vivir perfectamente con una dieta ovo-lacto-vegetariana.

24 Acostumbrarse a comer de todo. Obligarle a comer un determinado alimento es la mejor forma de lograr que lo odie para el resto de su vida. Si no se le fuerza acabará probándolo.

25 Comer solo. Un niño se puede negar a comer porque quiere meterse él mismo el alimento en la boca y no se lo permiten. Aunque se estire la hora del almuerzo, es preferible concederles cierta independencia.

sábado, 23 de febrero de 2013

Carlos González: 'Que los niños vayan a la guardería es antinatural'



SALUD | Famoso pediatra


Carlos González: 'Que los niños vayan a la guardería es antinatural'



  • El famoso pediatra catalán ofrece esta tarde y mañana dos conferencias
  • Las charlas tratan la crianza con apego y la lactancia materna

Lola Sampedro | Palma

Actualizado viernes 28/09/2012 16:38 horas




Muchos brazos, mucha teta y muchos mimos. Para el famoso pediatra Carlos González, la crianza de lo niños se basa en cubrir sus necesidades afectivas y para eso, según dice, los padres no deben seguir ningún método, sino que deben dejarse guiar por su instinto sin miedo: "Un niño que quiere ir todo el rato en brazos ni es un malcriado ni se convertirá en un delincuente juvenil". Este médico, autor de libros best seller como 'Bésame mucho' o 'Un regalo para toda la vida', ofrece esta tarde y mañana sábado unas conferencias en el Palma Aquarium sobre la crianza con apego y la lactancia materna, organizadas por el Círculo Materno Infantil.


"Es absurdo eso de que a los niños les viene bien llorar porque el llanto les abre los pulmones. A los adultos con insuficiencia respiratoria el médico no les recomienda jamás que lloren", ha explicado en rueda de prensa ante los medios el pediatra catalán, que tampoco entiende el afán por hacer que los críos se alimenten de una "forma tan rara": "El problema es que intentamos que nuestros hijos coman distinto a lo que comemos los adultos. Los mayores no hacemos comidas monográficas ni comemos un montón de cereales juntos, que son una bomba con muchísima azúcar y que sin embargo nos emperramos en dar a los bebés".


González ha hecho incapié en la gravedad de la obesidad infantil en España, que ya "es una epidemia y se ha convertido en el problema más grave de los niños españoles". Para atajarlo, González defiende ante todo la lactancia materna: "El objetivo de la alimentación complementaria (papillas) no es que el niño esté mejor nutrido, lo que más les nutre es la leche de sus madres. El objetivo es que aprendan a comer normal, lo mismo que comen sus padres en casa". A este respecto, el famoso pediatra ha indicado el problema de que "que cada vez hay más niños de dos o tres años que no saben masticar ni tragar alimentos sólidos por culpa de estar acostumbrados a los triturados".


"Tendríamos que fijarnos más en lo que hacían nuestras madres y abuelas, al preguntar estas cuestiones a ellas y no a los médicos. En la facultad de Medicina no nos enseñan si es bueno echar un puerro al caldo de la papilla ni si la ropa de los bebés es mejor que sea de algodón", ha explicado el famoso pediatra mientras ha asegurado que "para ser padres son necesarias muchas horas de entrenamiento, como a los futbolistas. Es antinatural que los niños vayan a la guardería y sus padres les vean solo dos o tres horas al día". "Las madres se separan de sus hijos demasiado pronto, cuando aún no están preparados, y luego esos niños que no han visto atendidas sus necesidades afectivas no se van de casa hasta los 35 años", ha explicado.


A modo de comparación, González ha hablado de países como Alemania, donde solo el 6% de los niños menores de 3 años acude a guarderías infantiles y también ha señalado el poco tiempo que dura el permiso por maternidad en España comparado con otros lugares de la Unión Europea como Suecia. Mientras las madres españoles disfrutan de apenas 4 meses para atender a sus hijos, las suecas pueden hacerlo durante un año y medio: "Lo curioso es que tanto aquí como allí tenemos el mismo tiempo de vacaciones, un mes al año, y nos jubilamos a la misma edad, a los 65. Pero hay cuestiones tan importantes como las de tener un hijo en la que sí nos diferenciamos y salimos perdiendo".


Las conferencias que el pediatra ofrece en el Palma Aquarium durante estos dos días coinciden con la celebración de la Semana Europea de la Lactancia Materna y "el principal objetivo de estas charlas es remover paradigmas que a veces pueden ser dañinos para las familias y mostrar a los futuros padres y madres una nueva forma de asumir la crianza de sus bebés, mucho más natural y sana".


Carlos González, además de ser pediatra y autor de libros de éxito sobre la crianza y la alimentación infantil, también es fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna. 

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/28/baleares/1348843081.html 

martes, 19 de febrero de 2013

Por qué los niños se despiertan por la noche, por Dr. Carlos González (pediatra)



La mayoría de los insectos, reptiles y peces tienen cientos de hijos, con la esperanza de que alguno sobreviva. Las aves y mamíferos, en cambio, suelen tener pocos hijos, pero los cuidan para que sobrevivan la mayoría. Los mamíferos, por definición, necesitan mamar, y por lo tanto ningún recién nacido puede sobrevivir sin su madre, Pero, según la especie, también necesitan a su madre para muchas otras cosas.


En algunas especies, el recién nacido es capaz de caminar en pocos minutos y seguir a su madre (¿quién no recuerda aquella escena encantadora en Bambi?). Eso ocurre sobre todo en los grandes herbívoros, como ovejas, vacas o ciervos. Estos animales viven en grupos que devoran rápidamente la hierba de una zona, y tienen que desplazarse cada día a un nuevo prado. Es necesario que la cría pueda seguir a su madre en estos desplazamientos.

Los pequeños herbívoros, como loa conejos, pueden esconder a sus crías en una madriguera, salir a comer y volver varias veces al día para darles el pecho. Sus crías no caminan nada más nacer, sino que son indefensas durante los primeros días. Lo mismo ocurre con la mayoría de los carnívoros, como los gatos, perros o leones. La madre sale a cazar dejando a sus indefensas crías escondidas. Las crías no nacen sabiendo, sino que aprenden, y esto es importante, porque les permite una mayor flexibilidad. Una conducta innata es siempre iguai, una conducta aprendida puede adaptarse mejor a las condiciones del entorno, y perfeccionarse con la práctica. La primera vez que un ciervo ve a un lobo, debe salir corriendo. Si no lo hace bien, morirá, y por lo tanto no podrá aprender a hacerlo mejor. Por eso es lógico que los ciervos sepan correr en cuanto nacen. Los lobos sí que pueden aprender: la primera vez el ciervo se les escapa, pero con la práctica consiguen atraparlo. Los Juegos de su infancia constituyen un aprendizaje para su vida adulta.


Los primates (los monos) parece ser que descendemos de animales que caminaban nada más nacer. Pero, al vivir en los árboles, tuvimos que hacer cambios. Bambi resbala varias veces antes de ponerse en pie; y eso no tiene importancia en el suelo. Pero, subido en una rama, un resbalón puede ser fatal. De modo que los monitos van todo el día colgados de su madre, hasta que son capaces de ir solos perfectamente,sin el menor error.

Pero es el monito el que se cuelga, activamente, de su madre, agarrándose con fuerza a su pelo con manos y pies, y al pezón con su boca (cinco puntos de anclaje). La madre puede correr de rama en rama, sin preocuparse de sujetar al niño. ¿Se atrevería usted a ir de rama en rama, o simplemente caminando por la calle, con su bebé a cuestas pero sin sujetarlo, ni con los brazos ni con ningún paño o correa? Claro que no. Para que un niño sea capaz de colgarse de su madre y sujetarse solo durante largo rato, probablemente debería tener al menos dos años. Ya nuestros primos más cercanos, los chimpancés, son incapaces de sujetarse solos al principio, y su madre tiene que abrazarlos, pero sólo durante las dos primeras semanas.


La diferencia con nuestros hijos es abismal. Y para caminar (no para dar cuatro pasos a nuestro alrededor, como hacen al año, sino caminar de verdad, para seguirnos cuando vamos de compras, sin llorar y sin que tengamos que girar la cabeza cada segundo a ver si vienen o no), nuestros hijos tardan al menos tres o cuatro años.


Hasta ios 12 o 14 años, es prácticamente imposible que los niños sobrevivan solos; y en la práctica, procuramos no dejarles solos hasta los 18 ó 28 años. Los seres humanos son los mamíferos que durante más tiempo necesitan a sus padres, y dejan muy atrás a! segundo clasificado. Probablemente, esto se debe en parte a nuestra gran inteligencia. Como decíamos de los lobos, la conducta debe ser aprendida para ser inteligente, pues la conducta innata es puramente automática. Nuestros hijos tienen que aprender más que ningún otro mamífero, y por lo tanto tienen que nacer sabiendo menos.


¿Y qué tiene todo esto que ver con que los niños se despierten? Ya llega, ya llega. Ahora mismo veremos que tiene que ver todo lo anterior con la conducta de su propio hijo.


Empezábamos diciendo que hay crías que necesitan estar todo el rato con su madre, encima de ella o siguiéndola a poca distancia, y otras que se quedan escondidas, en un nido o madriguera, esperando a que su madre vuelva. Para saber a qué tipo pertenece un animal, basta con observar cómo se comporta una cría cuando su madre se va. Los que tienen que estar siempre juntos se ponen inmediatamente a llorar, y lloran y lloran (o hacen el ruido equivalente en su especie) hasta que su madre vuelve.Una cría de ganso, por ejemplo, aunque tenga agua y comida cerca, no come ni bebe, sino que sólo llora hasta que sus padres vuelven, o hasta la muerte. Sin sus padres, de todos modos no tardaría en morir, por lo que debe agotar toda su energía en llorar para que vuelvan. Y debe empezar a llorar inmediatamente, en cuanto se separa, porque cuanto más tarde en hacerlo más lejos estará, y por tanto más difícil será que le oiga. En cambio, un conejito o un gatito, cuando su madre se va, permanecen muy quietos y callados. Esa separación es norma! en su especie, y si se pusieran a llorar podrían atraer a otros animales, lo que siempre es peligroso. ¿Cómo reacciona su hijo cuando usted le deja en la cuna y se aleja? Si, como hacían los míos, "se pone a llorar como s¡ le matasen", quiere decir que, en nuestra especie, lo normal es que los niños estén continuamente, las 24 horas, en contacto con su madre.


Y no es difícil imaginar que hace 50.000 años, cuando no teníamos casas, ni ropa, ni muebles, separarse de su madre significaba la muerte. ¿Se imagina a un bebé desnudo en el campo, al aire libre, expuesto a! sol, a la Huvia, al viento y a las alimañas, sólo durante ocho horas, mientras su madre "trabaja" recogiendo frutas y raíces? Ni siquiera una hora podría sobrevivir en esas circunstancias. En tiempos de nuestros antepasados, los bebés estaban las 24 horas en brazos, y sólo se separaban de su madre para estar unos momentos en brazos de su padre, su abuela o sus hermanos. Y cuando empezaban a caminar lo hacían alrededor de su madre, y tanto la madre como el niño se miraban continuamente, y se avisaban mutuamente cuando veían que e! otro se despistaba.

Hoy en día, cuando usted deja a su hijo en la cuna, sabe que no corre ningún peligro. No pasará frío, ni calor, ni se mojará, ni se lo comerá un lobo. Sabe que usted está a pocos metros, y le oirá si pasa algo y vendrá en seguida (o, si usted ha salido de casa, sabe que otra persona ha quedado de guardia, escuchando a pocos metros).

Pero su hijo no sabe todo eso. Nuestros niños, cuando nacen, son exactamente ¡guales a los que nacían hace 50.000 años. Por si acaso, a la más mínima separación, lloran como si usted se hubiera ido para siempre. Más adelante, cuando empiece a comprender dónde está usted, cuándo volverá y quién ie cuida mientras tanto, empezará a tolerar las separaciones con más tranquilidad. Pero aún faltan unos años. Casi toda la conducta de! bebé, que aún no ha aprendido nada, es instintiva, idéntica a la de nuestros remotos antepasados. Y ia conducta instintiva de la madre también tiende a aparecer, aquí y allá, despuntando entre nuestras gruesas capas de cultura y educación.


Por eso, cuando vaya al parque con su hijo de tres años, ambos se comportarán de forma muy similar a sus antepasados. Usted mirará casi todo el rato a su hijo, y le avisará cuando se despiste ("ven aquí" "no vayas tan lejos"). Su hijo también le mirará con frecuencia, y s¡ la ve despistada o hablando con otras personas se pondrá nervioso, incluso se enfadará, e intentará llamar su atención ("mira, Mamá, mira", "mira qué hago", "mira qué he encontrado"...)


Llegamos a la noche. Es un periodo particularmente delicado, porque si el niño duerme ocho horas, y la madre se ha ¡do durante este tiempo, cuando despierte puede estar a siete horas de marcha, y por más que llore no la oirá. Hay que montar la guardia. Durante las primeras semanas, nuestros hijos están tan completamente indefensos que es su madre la que debe encargarse de mantener el contacto. En aquellas raras culturas (como la nuestra) en que madre e hijo no duermen juntos, laseparación hace que la madre esté muy intranquila, y sienta la necesidad imperiosa de ir a ver a su hijo cada cierto tiempo. ¿Qué madre no se ha acercado a la cuna "para ver si respira"? Ciaro que sabe que está respirando, claro que sabe que no te pasa nada, claro que sabe que su marido se reirá de ella por haber ido... pero no puede evitarlo, tiene que ir.


A medida que el niño crece, se va haciendo más independiente. Eso no significa que pase más tiempo solo, o que haga las cosas sin ayuda, porque el ser humano es un animal social, y no es normal que esté solo. Para un ser humano, la soledad no es independencia, sino abandono. La independencia consiste en ser capaces de vivir en comunidad, expresando nuestras necesidades para conseguir la ayuda de otros, y ofreciendo nuestra ayuda para satisfacer las necesidades de los demás. Ahora ya no hace falta que usted vaya a comprobar si su hijo respira o no; ¡él se lo dirá! Como se está haciendo independiente, será él quien monte guardia. Se despertará más o menos cada hora y media o dos horas, y buscará a su madre. SE su madre está al lado, la olerá, la tocará, sentirá su calor, tal vez mame un poco, y se volverá a dormir en seguida. Si su madre no está, se pondrá a llorar hasta que venga. SÍ Mamá viene en seguida, se calmará rápidamente. Si tarda en venir, costará mucho tranquilizarle; intentará mantenerse despierto, como medida de seguridad, no sea que Mamá se vuelva a perder.


Es aquí donde la vida real no coincide con los libros, porque a las madres les han dicho que, a medida que su hijo crezca, cada vez dormirá más horas seguidas. Y muchas se encuentran con la sorpresa de que es todo lo contrario. No es "insomnio infantil", no son "malos hábitos", simplemente es una conducta normal de los niños durante los primeros años. Una conducta que desaparecerá por sí sola, no con "educación" ni "entrenamiento", sino porque el niño se hará mayor y dejará de necesitar la presencia continua de su madre.


Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo norma!" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad.


Si cuando su hijo llora usted te deja llorar, le está enseñando que sus necesidades no son realmente importantes, y que otras personas "más sabias y poderosas" que él pueden decidir mejor que él mismo lo que le conviene y lo que no. Se hace más dependiente, porque depende de los caprichos de los demás y no se cree lo suficientemente importante para merecer que le hagan caso,


Una infancia feliz es un tesoro que dura para siempre, que nadie podrá jamás arrebatarte. La infancia de su hijo está ahora en sus manos.